lunes 9 de noviembre de 2009

Volver al futuro

Por Nanow Di Serpentis

“El día que cambió al mundo” es el título que más se repite hoy en todos los diarios en ocasión de celebrar los 20 años de la caída del muro de Berlín, el símbolo máximo de la polarización mundial, de la pelea entre capitalismo y comunismo, de la pelea entre Rocky Balboa e Iván Drago o la excusa para que James Bond “pasara a manteles” a 3 o 4 chicas Bond por filme. Ese día terminó el terror de una guerra nuclear o del famoso dedo que aprieta el botón, ¿o no?
Hoy me di cuenta que no sólo los grandes guionistas de Hollywood, o para no ir tan lejos los creativos de nuestra televisión colombiana, son los únicos que últimamente son felices reencauchando. Al parecer, todos los jefes de la manada en esta gran República Banana que es Latinoamérica tienen mucha memoria y quieren reeditar una guerra fría un poco más tropical, haciendo afrentas a un negrito que tiene sus propios problemas y agarrándola con el sapo de la jauría, que por lambón, lleva. Claro, usando como vehículo a un pueblo que sufre de Alzheimer crónico y que simplemente se deja llevar.
Hace más de un siglo, un alemán barbudo y medio desparchado le dio por armar un discurso de protesta a las ideas establecidas y creó el Comunismo, un paraíso terrenal donde todos seríamos iguales, no viviríamos bajo el yugo de los demonios para la libertad del hombre como la Iglesia, las dictaduras o las grandes industrias privadas, ya que la plata y los recursos debían ser iguales para todos porque todos somos iguales. Ya los pobres ni los ricos existirían y, con el tiempo (aún algunos esperan), el estado y sus recursos serían manejados por el pueblo.
Otro barbudo en la Rusia de los zares, tomó esas ideas y levantó a un pueblo “en la mala”, con menos calidad de vida que un desplazado ("migrante", para que no se embejuque José Obdulio) que era gobernado por un Zar algo más interesado en ellos que Andrés Felipe Arias con los pobres campesinos que pidieron subsidios de Agro Ingreso Seguro. Ese pueblo aceptó feliz el nuevo Estado, ya que pasaban de tener nada y morir de hambre a vivir con lo básico. Acabó con los monopolios de poder y ahora no sería presidido por un Zar, sino por un partido que manejaría todo, desde el gobierno hasta la producción de fósforos. Nada que ver con esos monopolios que había antes; era el cambio.

Hace unos 10 años, un chimpancé salido del Arauca vibrador, único en su especie, tuvo suficientes neuronas para aprenderse toda la retahíla de los viejitos europeos de barba que hablé antes y levantó a un pueblo “en la mala”, con tan mala calidad de vida que las novelas de Delia Fiallo bastaban para olvidar su terrible realidad interna, que vivían gobernados por un montón de viejos que en los últimos años de su vida se lanzaban a la Presidencia para cuadrar una pensión y que sus familias no corrieran el mismo destino de los que usaban “Cara Sucia” o “Topacio” como efecto placebo.

Ese pueblo, el criado a punta de golosinas audiovisuales de Venevisión, no tuvo el mayor reparo en alegrarse por la llegada del chimpancé al poder, ya que de pasar a chuparse un cable, pasaron a vivir con lo básico. Acabó con los monopolios y lleva 10 años en el poder, donde ha devuelto los recursos a sus legítimos dueños, los venezolanos, pues es el gobierno del pueblo y las empresas del pueblo. Aún se duda si el dinero hace parte de esa recuperación o se pierde en algún lado porque el pueblo no lo ve.

Ahora ese chimpancé, encontró la manera de seguir la historia de sus maestros de la Unión Soviética. Encontró varios países más llevados que el de él, que por unos barriles de petróleo, un billete que debería ser para su pueblo pero que reparte a placer entre países menos afortunados o por uno que otro avión que les sirve para cambiar sus bayonetas, pues hacen parte de su satélite de Repúblicas Socialistas Bananeras o ALBA.

Pero no se puede mantener su ideología sin alguien que le haga contrapeso, ahí encontró al mejor amigo de los gringos, representado en "El emperadorcito", que también necesita de su chimpancé amigo para poder ocultar otras cosas feas por 4 años más (eso creemos ahora sí), como unas violacioncitas a los derechos humanos o unos torciditos con la platica estatal que se ha repartido entre sus amiguitos gamonales o sus hijitos. Aquí entre nos, gracias a estas ayudas, la gente no recuerda que él creó la Ley 100 que los dejó con ese pésimo servicio de las EPS o que prometió acabar con las Farc y van 8 años y contando.

Así que con todos estos ingredientes, arma una “guerra fría”, amenazando constantemente con prender los aviones, mover los batallones o llamar a estudiantes revolucionarios y amas de casa a tomar sus carabinas para defender a su país, la revolución, sus cuentas bancarias, las campañas de Evo, Rafa y Orteguita (y no es el “Burrito” aunque sí se le puede llamar así). Una buena manera para que su pueblo no piense en la falta de servicios públicos o la recesión económica que no se entiende cuando vende el combustible más importante del planeta. Ah, cierto, es que lo regala a todos sus amiguitos.

Por el lado del Emperadorcito, le sirve también para que su pueblo se olvide de esos últimos sucesos desafortunados con unos subsidios y las peleas con la Corte que pueden dañarle la quedada 4 años más.

Viéndolo así, el mundo no cambió tanto. Más bien los que cambiaron fueron los pocos que recuerdan que el Comunismo no es viable, que la verdadera enajenación viene de los que prometen que si son seguidos los liberarán, que esa caída del muro no se dio por la victoria de una ideología sobre la otra, sino de la voluntad de miles de seres humanos que se dieron cuenta que la libertad no esta en seguir absolutismos, sino en seguir en absoluto nuestras ideas.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Dejeme felicitarlo,pues nadie ha dicho las cosas tan claras como usted.Tiene usted un humor mordaz,sarcastico y directo que hacen de sus articulos un verdadero banquete de lectura.

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